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Mostrando entradas de 2016

Carta en una botella

27 de noviembre de 1980 Querido diario: Al igual que la inmensa mayoría de los días, podría contarte que estoy cansado de trabajar mucho y de dormir poco, que mi vida es igual que ayer y que tampoco espero que mañana cambie. Sin embargo, hoy sí que tengo algo diferente que explicarte. En uno de mis ya habituales paseos matutinos por la playa he encontrado ni más ni menos que una botella con un mensaje dentro. No era la típica botella de cristal tapada con un corcho ni el típico papel desgastado por… La verdad, no sé por qué se tendría que desgastar un papel en una botella cerrada herméticamente. La cuestión es que era simplemente una botella de plástico que contenía un folio escrito en bolígrafo. En dicha carta rezaba lo siguiente: Estimado lector: Cuando reciba este mensaje seguramente yo ya esté muerto. A mis setenta y ocho años no albergo más esperanza que la de que alguien, algún día, lea mi historia, pues lo que más temo no son las tormentas ni el hambre, si...

La princesa silente

 Era preciosa en su silencio, un silencio que la envolvía y la protegía. Era un silencio de apariencia frágil, tímido como ella. Uno de esos silencios que crees que te va a resultar fácil de romper, pero sin embargo notas que las palabras se te escapan y la timidez y el miedo se apoderan de ti. Se podría decir que era un silencio poderoso, capaz de hacer callar al más charlatán, capaz de intimidar al más grande, un silencio imperturbable.         En nuestro pequeño pueblo habíamos escuchado historias acerca de ella. Unas hablaban de destrucción y de muerte, algunas otras de actos heroicos en lugares remotos; había también unas pocas en las que se la comparaba con una sirena o incluso se había llegado a hablar de poderes divinos. Los hombres deseaban su cuerpo; las mujeres anhelaban sus secretos. Pero nunca nadie se había atrevido a dirigirle la palabra.           Recuerdo el día en que llegó a nuestra aldea c...

La forma de los recuerdos

Ella era especial. Podías notarlo en el aroma que desprendía a su paso, un aroma embriagador. Podías notarlo en el rojo de sus labios, que bailaban al son de sus palabras. Podías notarlo en las olas de su pelo castaño, que se movían a merced del viento. Podías notarlo en el blanco de su piel, que parecía brillar con luz propia. Y podías notarlo en el iris de sus ojos de color miel. Pero en las últimas semanas algo le estaba sucediendo. Podías notarlo en el aroma que desprendía a su paso, un aroma seco. Podías notarlo en el rojo de sus labios, que ya no sonreían. Podías notarlo en las olas de su pelo castaño, unas olas que se difuminaban y acababan por desaparecer. Podías notarlo en el blanco de su piel, cuya luz se iba apagando con el paso de los días. Podías notarlo en el iris de sus ojos de color miel, dulces pero amargos a la vez. Podías notarlo en sus grandes pupilas negras, que te atrapaban en un pozo de negrura infinita. Sin embargo, nadie parecía fijarse en ello. La gen...

Los habitantes de la noche

Son casi las dos de la madrugada cuando salimos del pub. Las calles del centro huelen a risa y ginebra, a fiesta y a lujuria. La juventud se agrupa entorno a los bares de copas, gritando cosas con menos sentido que el de la vida y escudándose en el alcohol para hacer cosas que de otra forma nunca se atreverían a hacer. Me dirijo hacia el paseo marítimo para coger el bus nocturno que debe llevarme a casa. La brisa sopla con fuerza y las olas rugen al romper en la playa. Unos pescadores están sentados en la arena, lanzando las cañas sin dejarse llevar por la desesperación y la certeza de que se irán a casa con las manos vacías. Me quedo mirando el agua. El sueño me acecha y el mar me tapa con sus mantas. Escucho el sonido de un motor a lo lejos, pero no me importa; ahora quiero descansar. Me despierto; sigue siendo de noche. Los pescadores han abandonado su labor y ya no se escuchan los gritos de guerra de la juventud. Tampoco parece que vayan a venir más autobuses. La ciuda...

La chica de la montaña

        Soy consciente de que lo que les voy a contar a continuación no es fácil de creer, incluso puede que alguno me tome por loco. Pero les juro que es lo que ocurrió.        Rondaba el año 99 y, mientras el mundo se sumía en el terror de un posible fallo informático a nivel global, yo me tomaba unas vacaciones indefinidas gracias a la herencia de un primo al que nunca llegué a conocer. Y lo mejor para un hombre cansado de la ajetreada vida de la urbe madrileña es un lugar tranquilo y remoto.          No me costó demasiado encontrar el sitio perfecto. Un pueblo al borde de la extinción en los bellos parajes del pirineo aragonés. Un pueblo donde, a diferencia de Madrid, el cielo es azul todos los días del año y la niebla no es gris sino blanca. Un pueblo al que nadie va nunca básicamente porque no hay nada que hacer.         Sus 4 vecinos aplaudieron mi llegada porque, según decían, traía ...

El poder de los recuerdos

En el pequeño pueblo de Lijiang, famoso por sus canales y sus innumerables puentes de piedra, vivía un hombre llamado Lian Tsai que, como muchos otros en época de guerra, era llamado a filas. Lian era un campesino cuya única ilusión en la vida era su hija Lina, una preciosa niña de 6 años que destacaba por tener un ojo marrón y otro azul claro.  Al nacer ella, algunos vecinos del pueblo creyeron que aquella ‘cosa’ solo podía haber sido obra de los espíritus malignos, los mismos que llevaban años arruinando sus cosechas con constantes inundaciones y que tanta hambre les estaban haciendo pasar. Por ello, más de uno había intentado acabar con la vida de la pequeña, pero su padre siempre estaba junto a ella para defenderla. Lian prometió a su querida Lina que volvería a casa. Sin embargo, días más tarde era capturado por una brigada de marines estadounidenses. Él creía que lo matarían. Nada más lejos de la realidad. Le dieron comida y lo llevaron a un edificio con todas las ...