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Mostrando entradas de 2017

La vida es sueño

Me desperté. Todo estaba oscuro. Me intenté mover, pero estaba atado. La habitación en la que me encontraba se movía y de fondo escuchaba el constante ronroneo de un motor antiguo… No, no estaba en ningún cuarto, sino en el maletero de un coche. La cabeza me dolía terriblemente, y el mareo se hacía casi insoportable. El movimiento del automóvil no ayudaba a apaciguarlo y acabé vomitando. ¿Tanto alcohol había ingerido la noche anterior? Tan solo recuerdo que salí de fiesta pero… ¿Cómo había llegado hasta allí? El movimiento del coche cesó y escuché una puerta que se abría. “Espero que sean mis amigos borrachos gastándome una broma pesada” pensé. En ese momento alguien abrió el portón del maletero. Y digo alguien porque no sabía quién era. De hecho, nunca lo llegué a saber. Todavía no había amanecido y la poca luz que reflejaba la luna tan solo me hizo poder distinguir una figura vestida completamente de negro, quien me gritó algo en un idioma desconocido para mí. Yo me encontra...

Un trabajo complicado

Matar es fácil. Todos lo hemos hecho alguna vez en la vida. Hormigas, mosquitos, arañas… Quitamos una vida y ni siquiera tenemos un mínimo remordimiento por haberlo hecho. Asesinar a una persona no es tan diferente. Puede que los humanos sean más grandes e inteligentes que los insectos, pero al fin y al cabo se trata del mismo acto. Me llamo John y me dedico a matar a personas. No lo hago por diversión, te puedo asegurar que no me produce ningún placer ir por ahí quitando vidas. Tampoco lo hago por dinero; no me gustaría que esto se convirtiera en un negocio. Te preguntarás entonces por qué lo hago. Verás, yo nací con este propósito. Sí, sé lo que piensas: que si estoy loco, que si me he escapado del manicomio, bla, bla, bla. Todo el mundo cree lo mismo. Me tachan de lunático, de asesino en serie, e incluso me han llegado a asociar con alguna secta. ¿Tú lo ves normal? Y luego el loco soy yo. No, mi propósito va más allá de cumplir con un Dios que no existe, o de ganar past...

Una tormenta de verano

Habían quedado a las 10 de la mañana, aunque David sabía de sobras que ella llegaría tarde. Siempre lo hacía. Mar lo justificaba por su forma de ser y con mil y una excusas que tenía preparadas para la ocasión, pero lo cierto era que le gustaba hacerse de rogar. Le gustaba que, al llegar, él la estuviera esperando. Le gustaba ver cómo su cara de aburrimiento y de impaciencia cambiaba a una leve sonrisa cuando la veía, sonrisa que se ensanchaba cuando ella le daba un beso en la mejilla. Pasearon un rato por el centro de aquella ciudad, de sobras conocida por ambos. Una ciudad que los había visto crecer, y que ellos habían visto prosperar. Pero el centro era algo distinto. Era un lugar permanente, inmóvil en el tiempo, un lugar eterno en la cambiante urbe. Un sitio lleno de gente y conocido por todos que lo hacía sentir único. Por eso le gustaba tanto a David; le proporcionaba un punto de apoyo en una vida que a veces se tambaleaba. Aquí venía las noches en que no conseguía concilia...

La verdadera historia de Sant Jordi

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo de Cataluña, vivía un noble caballero alto, esbelto, apuesto como ningún otro, feroz en la batalla y, según los rumores, también en los asuntos de alcoba. Hijo de un noble de medio rango, sus heroicas hazañas en numerosos conflictos y su habilidad con la espada lo habían convertido en un guerrero conocido  en toda la región. Su nombre, Jordi.             De pequeño, su padre siempre le decía que estaba destinado a realizar grandes proezas. Por ello lo hizo entrenarse con los mejores profesores venidos de todos los rincones del mundo, para hacer de él el perfecto caballero. Y lo había conseguido.             Jordi, por su parte, tenía aspiraciones todavía mayores. La hija del rey, su única descendencia y por tanto heredera de la corona, estaba en edad de merecer. Pese a poseer una belleza difícil de apreciar, no eran pocos l...

Un cielo nublado

Teurem salió de su trabajo; protegido del viento invernal por su nuevo abrigo. Los últimos rayos de sol teñían de rojo un cielo nublado, confiriéndole un inquietante aspecto infernal. El centro de la ciudad, habitualmente ocupado por una multitud de turistas ansiosos por fotografiar cualquier cosa que se cruzara en su camino, se hallaba inusualmente vacío. El frío debería haber congelado los ánimos de la gente, se decía. Aceleró el paso para llegar cuanto antes a casa y así poder calentarse el cuerpo con una ducha de agua hirviendo, y el alma con una deliciosa cerveza irlandesa de las que tanto le gustaban. Sin embargo, algo le hizo detenerse. Un misterioso personaje vestido de negro le esperaba en el portal. No podía verle el rostro, pues se encontraba completamente abrigado, pero había algo en él que le resultaba familiar. El hombre, que intentaba sin mucho éxito disimular su presencia, acabó por acercarse y le dijo: -Teurem, tengo un último trabajo para ti. -Pensaba que h...