Un trabajo complicado

Matar es fácil. Todos lo hemos hecho alguna vez en la vida. Hormigas, mosquitos, arañas… Quitamos una vida y ni siquiera tenemos un mínimo remordimiento por haberlo hecho. Asesinar a una persona no es tan diferente. Puede que los humanos sean más grandes e inteligentes que los insectos, pero al fin y al cabo se trata del mismo acto.

Me llamo John y me dedico a matar a personas. No lo hago por diversión, te puedo asegurar que no me produce ningún placer ir por ahí quitando vidas. Tampoco lo hago por dinero; no me gustaría que esto se convirtiera en un negocio.

Te preguntarás entonces por qué lo hago. Verás, yo nací con este propósito. Sí, sé lo que piensas: que si estoy loco, que si me he escapado del manicomio, bla, bla, bla. Todo el mundo cree lo mismo. Me tachan de lunático, de asesino en serie, e incluso me han llegado a asociar con alguna secta. ¿Tú lo ves normal? Y luego el loco soy yo.

No, mi propósito va más allá de cumplir con un Dios que no existe, o de ganar pasta para luego gastármela en putas. Yo asesino a personas simplemente porque tengo que hacerlo. Al igual que un panadero tiene que cocinar pan o un camarero debe servir a sus clientes, yo he de matar a gente. No me mires con esa cara; un fumigador aniquila a insectos de forma masiva y sin embargo lo respetáis. Yo, en cambio, ejecuto a unos pocos humanos y me detestáis.

Pero llevo muchos años en el mundillo este y, sinceramente, estoy orgulloso de mi trabajo. No solo porque lo realizo de forma impecable, rápida e indolora, sin dejar rastro; sino también porque es una faena necesaria que no todo el mundo podría hacer. La semana pasada, por ejemplo, tuve que matar a una niña que ni siquiera sabía qué estaba pasando. Todavía recuerdo el terror en su cara y su mirada de súplica…

A eso me refiero cuando digo que este trabajo no es para cualquiera. Hay que tener mucha sangre fría y fortaleza mental para realizar una tarea tan complicada. E incluso después de tanto tiempo en esto, a veces me planteo si no debería dejarlo. Pero entonces pienso que, si no lo hiciera yo, pondrían a un novato en mi lugar, y hasta que este no cogiera práctica, las muertes serían de todo menos rápidas e indoloras. Así que, visto de esa forma, se puede decir que hago un favor a mis clientes.

Seguramente ya te debes de ir haciendo una idea de quién soy. Antiguamente, a mis predecesores en el cargo los respetaban más. Vestían una túnica negra como sello identificativo, y la gente simplemente aceptaba su destino. Ahora, en cambio, me tengo que hacer pasar por uno de vosotros para no ser reconocido, pues las personas me odian por mi trabajo; algo así como lo que le sucede a los inspectores de hacienda.

Bueno, te voy a dejar de dar la lata ya que está anocheciendo y luego mi mujer se enfada si llego tarde a cenar. Ha sido un placer conocerte y te agradezco sinceramente que me hayas estado escuchando todo este rato. A menudo sucede que la gente se pone histérica y tengo que pasar a la acción inmediatamente, pero siempre va bien charlar un rato, conocer gente nueva; ya sabes.

En fin, ha sido un placer. Espero que hayas disfrutado de tu vida y que lo sigas haciendo, pues no volveremos a vernos hasta dentro de mucho.

Ah y, por cierto. Siento lo de tu suegra.

Comentarios