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Mostrando entradas de julio, 2017

Una tormenta de verano

Habían quedado a las 10 de la mañana, aunque David sabía de sobras que ella llegaría tarde. Siempre lo hacía. Mar lo justificaba por su forma de ser y con mil y una excusas que tenía preparadas para la ocasión, pero lo cierto era que le gustaba hacerse de rogar. Le gustaba que, al llegar, él la estuviera esperando. Le gustaba ver cómo su cara de aburrimiento y de impaciencia cambiaba a una leve sonrisa cuando la veía, sonrisa que se ensanchaba cuando ella le daba un beso en la mejilla. Pasearon un rato por el centro de aquella ciudad, de sobras conocida por ambos. Una ciudad que los había visto crecer, y que ellos habían visto prosperar. Pero el centro era algo distinto. Era un lugar permanente, inmóvil en el tiempo, un lugar eterno en la cambiante urbe. Un sitio lleno de gente y conocido por todos que lo hacía sentir único. Por eso le gustaba tanto a David; le proporcionaba un punto de apoyo en una vida que a veces se tambaleaba. Aquí venía las noches en que no conseguía concilia...