Ágatha y Miguel
Ágatha Era una de aquellas chicas capaces de atraer las miradas de todos los hombres a su alrededor, aunque también las mujeres se giraban para contemplarla; si bien con más celo que anhelo. La única persona que parecía no comprender tal belleza era ella misma, tal vez por el miedo a su grandeza y su poder. Era bajita, con olas de pelo castaño y unos ojos verdosos que Miguel prefería no mirar directamente por miedo a quedar atrapado en ellos. Tenía la boca pequeña y la sonrisa de quien todavía no ha perdido la inocencia, y unos labios finos que se movían sensualmente para producir maravillosas melodías. Miguel llevaba embelesado con aquella Afrodita desde que empezó el curso y temía el fin de este porque eso significaría no volverla a ver. —¿Y si le hablas? —le preguntó Carlos, su mejor amigo. —¿Tú la has visto? Pues entonces te habrás dado cuenta de que seguramente ella tiene tanto interés en mi que ni siquiera debe de saber que existo. —Pues si le hab...