La forma de los recuerdos
Ella era especial. Podías notarlo en el aroma que desprendía a su paso, un aroma embriagador. Podías notarlo en el rojo de sus labios, que bailaban al son de sus palabras. Podías notarlo en las olas de su pelo castaño, que se movían a merced del viento. Podías notarlo en el blanco de su piel, que parecía brillar con luz propia. Y podías notarlo en el iris de sus ojos de color miel. Pero en las últimas semanas algo le estaba sucediendo. Podías notarlo en el aroma que desprendía a su paso, un aroma seco. Podías notarlo en el rojo de sus labios, que ya no sonreían. Podías notarlo en las olas de su pelo castaño, unas olas que se difuminaban y acababan por desaparecer. Podías notarlo en el blanco de su piel, cuya luz se iba apagando con el paso de los días. Podías notarlo en el iris de sus ojos de color miel, dulces pero amargos a la vez. Podías notarlo en sus grandes pupilas negras, que te atrapaban en un pozo de negrura infinita. Sin embargo, nadie parecía fijarse en ello. La gen...