Un arma de doble filo


Eran las 6 de la mañana cuando sonó la alarma. “Este será un día duro”, pensó James Smith. Si todo iba bien, podrían detener a un traidor y a unos cuantos espías rusos. Pero en el negocio del espionaje pocas cosas solían ir como uno deseaba.

Os pondré en contexto. James Smith ocupaba un cargo importante dentro de la agencia de inteligencia norteamericana, en la división de contraespionaje. Era aquella época en la que Estados Unidos alardeaba de haber desarrollado un PEM de gran rango de acción. Para los que no estéis instruidos en el vocabulario armamentístico, un PEM es un artefacto que permite inutilizar los dispositivos electrónicos, así como las redes eléctricas de una zona. Los primeros fueron consecuencia de las bombas nucleares de gran potencia desarrolladas durante la guerra fría, pero si una de estas bombas explota cerca de ti no creo que mirar Instagram sea tu mayor preocupación. Así pues, los PEM se fueron desarrollando de forma secreta para que pudieran producir su efecto sin causar tal devastación. Y en la era moderna una de estas armas podría ser capaz de colapsar un país entero si se colocara en el lugar adecuado. 

Por eso, cuando se hizo público el proyecto debido a una filtración, los agentes rusos se pusieron manos a la obra. James Smith y su compañero Lucas eran, por decirlo de algún modo, los encargados de que los afines al Kremlin no se hicieran con la información de su ubicación. Sin embargo, James había recibido un chivatazo que relacionaba a Lucas con el entorno de espionaje ruso.

Para comprobar la veracidad de tales informaciones había decidido explicar a Lucas que el arma se iba a trasladar aquel día, proporcionándole también una ubicación. Supuestamente, ellos dos (junto con algunos agentes más) iban a estar vigilando el traslado desde la distancia para asegurarse de que todo iba según lo previsto. Si los rusos aparecían, significaría que Lucas jugaba a dos bandas y lo detendrían. Si por lo contrario no sucedía nada durante el falso traslado, podría seguir confiando en él.

Así pues, James se levantó perezosamente, se tomó su café y dejó un poco en el termo para cuando su hija se despertara. Se vistió y se dirigió hacia el cuartel, donde Lucas y los demás le esperaban.

            —Buenos días, chicos. Hoy nos espera un día ajetreado. Como ya sabéis, el PEM es un arma es de suma peligrosidad y sería una completa catástrofe que alguien se hiciera con ella. Sin embargo, ciertos agentes del Kremlin andan interesados en nuestro juguetito, y nuestra misión es frustrar cualquier intento de sabotaje que se produzca, ¿entendido?

            —Sí, señor —dijeron los demás al unísono.

Un convoy los trasladó al lugar de vigilancia, situado en lo alto de un monte para tener una buena visibilidad. Los acompañaban francotiradores y otros militares. Se tumbaron entre los matorrales y esperaron a que el falso convoy pasara.

Poco más tarde, una comitiva de todoterrenos y camiones vestidos de camuflaje avanzaba por la carretera que tenían a sus pies. Todo iba según lo previsto, hasta que tres coches negros se acercaron desde delante y les cortaron el paso. 

James dejó los prismáticos a un lado y sacó su pistola, apuntando a la cabeza de Lucas.

            —¡Lo sabía! Eres un traidor. ¿Cómo has podido hacerle eso a tu país? ¡No te levantes! ¡He dicho que no te muevas! Da un paso más y disparo.

            —No lo creo —respondió Lucas, confiado. En ese momento, varios soldados sacaron sus respectivas armas y dispararon a sus compañeros, para justo después arrebatar la pistola a James antes de que este pudiera hacer nada—. Cómo pesan los años, ¿eh? Hace tiempo me habrías disparado inmediatamente, pero el afecto que aún me tienes y tus lentos reflejos te han impedido hacerlo. Ahora mismo deben de pasar muchas preguntas por tu cabeza. Sí, trabajo para los rusos. Verás, ellos pagan muy bien, y dos sueldos siempre suman más que uno. Además, ¿qué importa la “patria” de la que tanto hablas cuando esta ha matado a miles de personas inocentes y ha cometido tantas atrocidades? Quizás Rusia haya hecho lo mismo, pero entonces, ¿qué diferencia a ambos países? ¿Por qué trabajar para uno en concreto? ¿Por qué no trabajar para los dos? Estados Unidos consigue información, Rusia consigue información, yo y mis amigos conseguimos dinero. Todos salimos ganando. Ah y, por cierto, sé que todo esto es un montaje, incluido lo de allí abajo. Así que, ¿por qué no acabar esta obra de teatro con un gran final?

En ese momento, los tres coches aceleraron y, pese a los disparos de los soldados que protegían el falso convoy, no se detuvieron.

            —Coches teledirigidos, tecnología punta —susurró Lucas —. Y ahora… Fuegos artificiales.

Los tres coches chocaron contra distintos vehículos y acto seguido explotaron, produciendo una gran bola de fuego que se tragó al convoy entero. Aquella representación era demasiado real, y James se puso a llorar.

            —Tú no eres mejor que ellos —dijo sollozando.

            —Puede que no, pero ellos tampoco eran santos. James, tienes que entender que nosotros no somos más que instrumentos que tienen los países para cometer sus crímenes. ¿O acaso crees que el PEM se diseñó para combatir el cambio climático? Ah y, hablando de dicho artilugio, es irónico que me hayas traído aquí con la falsa excusa de venir a defenderlo, y ahora resulta que vas a ser tú el que nos lo va a entregar. Te llevaré con un amigo de nombre impronunciable que tiene una habitación llena de juguetitos que te van a gustar.

Entonces le hicieron beber un líquido transparente muy amargo que lo sumió en un profundo sueño.


Despertó con un fuerte dolor de cabeza. Tenía los ojos tapados y estaba inmovilizado en una silla. Escuchaba hablar a varias personas en un idioma que supuso que sería ruso. De pronto, las voces cesaron y unos pasos se acercaron. Le quitaron la venda de los ojos y pudo entrever a dos hombres grandes y corpulentos. 

James sabía cómo funcionaban aquellos interrogatorios. Nunca había realizado ninguno (no era de los que disfrutaban con eso), pero había asistido a varios. Había dos opciones: hablabas y morías, o morías sin hablar (y seguramente sin piernas ni manos). Y cuanto más buenos eran los agentes en su trabajo, más dolor eran capaces de provocarte antes de que te desmayaras. Así que James decidió ahorrarse el sufrimiento y se lo explicó todo. Les contó dónde se escondía el arma, las medidas de seguridad del edificio y cómo desactivarlas o inutilizarlas. No había personal de seguridad, puesto que habían pensado que eso podría levantar sospechas si se hacía una vigilancia por imágenes de satélite. 

            —¿Sabes qué creo? —preguntó uno de los rusos en un inglés casi perfecto—. Creo que nos estás tomando el pelo. ¿Un edificio en medio de la nada sin vigilancia? ¿Pretendes que nos creamos que allí guardan el arma más peligrosa del mundo? Vamos, invéntate algo mejor. 

            —Os juro que estoy diciendo la verdad —gimió James entre sollozos, presa de la impotencia.

            —No llores, tranquilo… ¿Sabes una cosa? Voy a darte una oportunidad. Un grupo de mis mejores hombres irá a ese lugar para comprobar la veracidad de tus afirmaciones. Si conseguimos el arma, podrás irte a casa a hacer compañía a tu hija Jessica. De lo contrario, serán dos de mis compañeros los que irán a hacerle pasar un buen rato. Tengo entendido que tiene un buen par de tetas, seguro que eso les gustará. Y como sé que la debes echar de menos, llevarán una cámara encima para que puedas ver todo lo que hacen con ella. Seguro que disfrutará mucho con la verga de…

            —¡Cállate! Si de verdad esos son tus mejores hombres, estoy seguro de que encontrarán el PEM y no será necesario que nadie vaya a mi casa. Así que hacedlo de una vez.


Los soldados rusos llevaban cámaras en sus cascos para que, desde la base, James y sus nuevos amigos pudieran ver en directo el transcurso de la operación. Llegaron al lugar, desactivaron el sistema de seguridad principal con relativa facilidad y esperaron a que un segundo equipo desactivara el sistema remoto de vigilancia. A partir de ese momento, disponían de unos 10 minutos para forzar la cámara acorazada y huir del lugar antes de que eso se llenara de soldados estadounidenses.

Subieron al techo del edificio para abrir un boquete por allí, ya que James había comentado que esa era la parte más débil. Sin embargo, al llegar se encontraron con una pequeña apertura ya realizada. Cautelosamente, se deslizaron con ayuda de una cuerda hasta el suelo de la cámara acorazada, y avanzaron hasta donde debía encontrarse el ansiado PEM. Digo debía encontrarse porque lo que realmente hallaron fue un pañuelo de papel escrito con un pintalabios rojo brillante. En el papel rezaba el inconfundible mensaje “FUCK U”.

            —James… cuánto lamento que nos hayas tomado el pelo de esta forma… Justo cuando estabas empezando a caerme bien. En fin, tendremos que cambiar la película por una porno en que la protagonista será tu hija.

            —¡Hijo de puta! —chilló James—. ¡Tócala y te mato! Te juro que no vas a salir vivo de esta, sucia rata de mierda.

            —Tápale la boca —ordenó el agente ruso a su compañero—. No quiero escuchar nada más de lo que salga por su boca. Ya tuvo la oportunidad de hablar y la desperdició. Ahora me toca disfrutar a mí.

Por la pantalla de la sala ahora se veía a dos agentes llegando a una pequeña casa pintada de amarillo. Derribaron la puerta a mazazos y empezaron a buscar por todo el domicilio a la hija de James. Pero pasaban los minutos y las caras de los rusos empezaban a denotar una cierta frustración.

— Ella… No está aquí

James murió aquella noche desangrado.


—“El interruptor, el arma definitiva que Estados Unidos había desarrollado, se halla actualmente en paradero desconocido. El gobierno ha acusado oficialmente a Rusia de su desaparición, y ha convocado una reunión de urgencia del comité de la ONU para tratar el asunto. Rusia, por su parte, niega las acusaciones y ha ofrecido su ayuda en la investigación de lo sucedido, asegurando que aportará pruebas de que nadie relacionado con el Kremlin ha tenido nada que ver con el asunto. Por otra parte, se investiga la desaparición de James Smith, un agente de la CIA encargado de proteger dicha arma, y de su hija Jessica Smith. Según fuentes policiales, se han revisado varias cámaras de seguridad de la zona, cuyas imágenes muestran a un grupo de hombres armados dirigiéndose hacia la residencia de los Smith. En estos momentos las autoridades investigan si ambos hechos tienen alguna relación. Esto es todo por el momento, volveremos a informarles en cuanto tengamos más información.”

Jessica apagó el televisor de su habitación, se puso el bañador y bajó a la piscina del hotel. Allí la esperaba Jian el Mercader, un conocido empresario chino de dudosa moral.

            —Buenos días, señorita Jessica. Me gusta su bañador rojo. Hace juego con sus labios.

            —Buenos días Jian. Vayamos al grano, que tengo ganas de disfrutar de mis merecidas vacaciones.

            —Me está empezando a gustar, señorita. Verá, respecto al precio acordado, tiene una parte de esa suma en un banco suizo. Mi compañero le proporcionará el acceso a dicha cuenta. La otra parte del dinero se halla invertido en diversas empresas con sede en Panamá de las cuales es ahora usted propietaria. Y en cuanto a su seguridad, Estados Unidos la da por muerta, creen que los rusos se la han cargado. Y estos otros tampoco se van a interesar mucho en usted; ya tienen suficiente con intentar defenderse de unas acusaciones tan graves. Aun así, me he tomado la molestia de proporcionarle un equipo de seguridad que la acompañará en todo momento.

            —Es usted un cielo, señor Jian.

            —El placer es mío, señorita. Muchas gracias por haber pensado en mí para este negocio.

            —No me las de a mí. Déselas a la persona que nos puso en contacto, el señor Lucas.

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