Las aventuras de Don Quijote el espía


—Buenos días. ¿Es usted el señor Quijote?

—¿De la Mancha? El mismo.

—Pues, si es tan amable, me echa una firmita y le entrego este paquete.

Hago caso omiso de su mirada risueña y entro en mi “humilde” piso. Dentro del paquete hay un teléfono de esos capaces de romper paredes. Lo enciendo y llamo al único número que hay guardado.

—Buenos días, señor Quijote —me dice una voz ronca—. Perdone que le interrumpa en sus vacaciones, pero ha surgido un asunto de vital importancia para el partido.

—Déjeme adivinar. ¿Es por aquel tema en que el vicepresidente enchufó a su hermana, a su mujer, a su cuñado, al sobrino del cuñado y a la novia de este?

—No, ese ya lo resolvimos.

—¿Entonces han descubierto que aquel aeropuerto en medio de la nada solo sirvió para blanquear dinero?

—De eso todavía no se han dado cuenta. Siguen creyendo que todo se debe a una mala planificación.

—¿Las cuentas en Suiza?

—Lo que pasa en Suiza se queda en Suiza. No, esta vez se trata de algo más gordo. La mierda ha llegado hasta el mismísimo presidente. Un juez de esos que tienen “principios morales” ha empezado a tirar del tema de Robanco. Ya sabes; trajes, cenas, putas, barcos… Yo ya le avisé que un yate más grande que el del príncipe de Arabia Saudí levantaría sospechas, pero ya sabes cómo es el presidente. Siempre quiere lo mejor. Para él y para España, claro está. Su misión, señor Quijote, es hacer que esos activistas que están personados como acusación particular para que retiren la denuncia. Al fiscal ya lo he “convencido” yo, y tan pronto como ellos se aparten del caso, él retirará toda acusación contra el partido. Para conseguir su objetivo, usted debe infiltrarse en su organización y crear algún tipo de conflicto. Luego ellos mismos se autodestruirán. Siempre ocurre lo mismo con los rojos.

—Y que lo diga.

—Para llevar a cabo dicha misión contamos con un presupuesto muy ajustado. Los recortes también nos afectan a nosotros. Le hemos conseguido un bono para que pueda usar los patinetes eléctricos para desplazarse por la ciudad. No se olvide de usar casco. En el paquete encontrará también unos gramos de marihuana, una peluca con rastas, una camiseta a favor de los presos de ETA y una riñonera. Y para acabar de dar el pego, tenga en cuenta algo muy importante: no use desodorante.


Me creo un perfil falso en Twitter mientras mi mayordomo me prepara un Gin Tonic y no me resulta complicado encontrar varios hilos de rojos radicales. Total, últimamente han dejado de manifestarse en las calles para quejarse en las redes. Una búsqueda rápida me lleva a un hilo donde se propone una manifestación antitaurina a la vieja usanza.

Y aquí me encuentro, en pleno centro de Madrid, gritando consignas absurdas contra el capitalismo (pero pegadizas, todo hay que reconocerlo) con el puño bien alto. Cuando llegamos a la plaza de las cortes, los manifestantes empiezan a quitarse la ropa y se pintan con Kétchup. Tengo que reconocer que hay algunas hembras muy bien dotadas entre las asistentes; otras en cambio tienen más pelo que mi padre. Guardamos entonces un minuto de silencio por los animales asesinados y seguidamente aplaudimos. Nos volvemos a vestir y entonces algunos radicales empiezan a tirar huevos al congreso. Es en ese momento cuando empiezan las cargas policiales.

En nuestra huida, entablo conversación con algunos de ellos; parecen buena gente y todo. Les digo que he estudiado ciencias políticas en una universidad pública y que los precios me parecieron abusivos. Parece que mi falsa identidad les convence, pues me invitan a una asamblea, donde cenarán comida vegana, cantarán canciones populares y pondrán a parir a los fachas.

Les sigo hasta el barrio de Villaverde, donde tienen ocupado un local. Al entrar, el hedor es insoportable. Me entran ganas de vomitar, pero aguanto el tipo mientras me llevan a la sala principal. Aquí se congrega lo peor de este país: rojos, negros, gays, transexuales, proetarras, independentistas, sudamericanos, terroristas islámicos, pobres… Empiezo a temer por mi vida; en mi carrera profesional como espía pocas veces me he visto en situaciones tan peligrosas como esta. Tras unos momentos de tensión, dos hombres (sí, habéis oído bien, hombres) traen la cena. Esta consiste en arroz con verduras, pero está insípida. Después cantan juntos canciones de Ska P y Eskorbuto, algo de reggae e incluso alguna canción en catalán que seguro que ni entienden.

Pasada la medianoche, cuando el calimocho y la cerveza barata nublan sus cabezas, empiezan a criticar debatir sobre lo corrupta que es la derecha en este país y lo bien que lo hace la izquierda en otras regiones como Irán o Venezuela. Me empieza a cansar toda esta farsa, y decido soltar la bomba.

—Pablo Iglesias es un hipócrita por haberse comprado una mansión.

Entonces el debate se recrudece. Me excuso rápidamente diciendo que tengo que madrugar para colgar una pancarta ecologista en el Senado y marcho de ese nido de ratas. Ya en la calle, llamo a un taxi para que me lleve a mi dúplex en el barrio de Salamanca. No me gusta viajar en transporte público, los autobuses huelen a pobre. Me quito la peluca que, por cierto, pica horrores; saco el desodorante de emergencia y me lo aplico de forma copiosa.

Me bajo del taxi y le doy al conductor una generosa propina. Subo a casa, me cambio y me voy a dormir con el orgullo de haber hecho un buen trabajo y de haber alegrado la noche a un pobre taxista. “Total, esa propina se la quedará Hacienda cuando haga la declaración”.

Dos días más tarde, suena de nuevo el teléfono.

—Buenos días, señor Quijote. Perdone si no me escucha bien, estoy en el Porsche yendo a recoger a mi hijo al colegio que se encuentra a una calle de mi casa y el tráfico es horrible. Pero centrémonos en lo importante. Me complace informarle de que los rojos no se han presentado hoy en el juzgado, por lo que el fiscal ha retirado su acusación y el caso ha sido sobreseído. Creemos que los activistas se han disuelto, porque han desocupado el local en el que se escondían. Yo mismo he tenido el placer de comprobarlo. Ahora el barrio está más limpio, ya no huele mal, los vecinos sonríen felices e incluso el sol brilla con más intensidad. Ha hecho un buen trabajo, don Quijote.

Comentarios

  1. Jajaj...enhorabuena Alex ! Brillante "vineta" del espectro ideológico, de derecha a izquierda, de la moralidad militante de este país !!

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