Un susurro entre las sombras

Se estaba haciendo de noche y todavía no había encontrado el camino de regreso a casa. ¿Quién iba a pensar que una comida familiar en el bosque iba a acabar así? En el siglo 21 ya nadie se perdía. Estaba seguro de que le estaban buscando y, pese a que se había quedado sin batería hacía horas y no podían contactar con él, lo acabarían encontrando.

            Pero el tiempo pasaba y el sol, que ya había desaparecido entre los árboles, apenas iluminaba sus pasos sin rumbo. Un manto de nubes impedía a la luna hacerle compañía en lo que estaba seguro que sería una noche muy larga.

            Por miedo a estar alejándose cada vez más de la civilización decidió dejar de caminar y buscar algún sitio donde esperar. ¿Esperar a qué? ¿A que se hiciera de día o a que lo encontraran? Aunque se había estado resistiendo a aceptarlo, ahora la primera opción le parecía la más probable.

            Se puso a buscar (más con el tacto que con la vista) algo de hierba o algún sitio cómodo donde sentarse a esperar que pasara el tiempo. Incluso se planteó la opción de buscar algún río. Primero porque tenía sed, y segundo porque muchos pueblos están situados cerca de ríos. Se dedicó a escuchar el bosque con la esperanza de que algún riachuelo delatara su presencia, pero lo único que oía era el viento y algún que otro grillo.

            Casi había conseguido conciliar el sueño cuando escuchó un susurro a lo lejos. No había entendido qué decía, pero estaba seguro de que no había sido el viento.

-¿Hola?

-Hola- esta vez lo escuchó con más claridad.

-¿Quién eres?

-Soy yo- contestó el extraño, con un susurro que parecía proceder de detrás suyo, y no de donde había venido el primero. La escena empezaba a asustarle. Dio media vuelta y preguntó:

-¿Te conozco?

-Sí- esta vez el susurro venía de su derecha, pero mucho más cerca. Se giró aterrorizado. Podía oír el sonido de las ramas crujiendo por los pasos de aquel extraño, que se acercaba cada vez más. Un ruido a su espalda le hizo girarse nuevamente y, con un valor sacado de su desesperación, se lanzó a por quien estuviera detrás suyo, pero solo se encontró con un pequeño árbol.

-¿Quién eres?- preguntó otra vez.

-Soy yo.

-Dime de una vez quien eres, joder- dijo llorando, casi suplicando. No aguantaba más. Estaba temblando de miedo y las piernas amenazaban con fallarle- ¡Quién eres!- gritó con todas las fuerzas que le quedaban. No sabía a quién ni a dónde, solo gritaba.

Esta vez el susurro vino de todas partes.

-Soy tu.

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